"No hi ha regles per les bones fotografies, són només bones fotografies". Ansel Adams
21 de novembre 2023
Moll Grec ( L'Escala-Empúries)
Restes del moll hel.lenístic del port de les antigues ciutats grega i romana d’Empúries. Majestuós, amb més de dos mil anys d’història entre les seves roques, aquest moll ens recorda que aquesta va ser la porta d’entrada de les civilitzacions grega i romana a la península Ibèrica.
20 de febrer 2023
07 de febrer 2023
Sala de contractacions - Llotja de Mar (Barcelona)
La Llotja de Mar, Llotja de Cereals o Llotja de Barcelona és un edifici de Barcelona situat al Pla de Palau. Era el lloc on es reunien els mercaders de la ciutat i era destinat a la contractació. L'edifici neoclàssic actual és el successor d'altres construccions més antigues. És una obra declarada Bé Cultural d'Interès Nacional.
L'edifici ha estat seu del Consolat del Mar i de la Junta de Comerç, entre altres institucions. Actualment és la seu corporativa de la Cambra Oficial de Comerç, Indústria i Navegació de Barcelona. Allotja, a les plantes superiors, la Reial Acadèmia Catalana de Belles Arts de Sant Jordi, amb un important museu d'obres d'art, especialment dels segles XVIII i XIX.
Durant l'expansió del comerç català medieval, Pere Llobet va aixecar una porxada entre els anys 1352 i 1357 al costat de la platja, en el lloc on, possiblement, n'hi havia una d'anterior. Més tard, el 1358, s'hi va afegir una capella. Aquesta construcció, que possiblement restà inacabada, aviat va resultar petita; i Pere el Cerimoniós va autoritzar la construcció d'una gran sala tancada —anomenada Sala de contractacions— que, a més, protegia els comerciants de les inclemències del temps i dels efectes del mar. Pere Arvei fou l'arquitecte que va dirigir les obres, que es van desenvolupar entre 1384 i 1397. Es tracta d'una gran sala de tres naus separades per arcades de mig punt sostingudes per quatre columnes. El sostre és de fusta. Tot i que des del 1397 estava en ple funcionament, més endavant s'hi van anar afegint altres construccions, com ara el pis superior, on se situava el Consolat de Mar (1457-1459). Extret de Viquipèdia
25 d’abril 2022
La Línea P (Valle de Tena - Huesca)
La Línea P, la paranoia de Franco (elcorreo.com)
La mayor obra de fortificación militar construida en Europa tras la Segunda Guerra Mundial se ubicó en España. Bajo la denominación oficial de Organización Defensiva de los Pirineos, la dictadura de Francisco Franco construyó entre 1937 y mediados de los cincuenta un conjunto de búnkers con la finalidad de impermeabilizar la frontera con Francia ante una hipotética invasión, bien de los republicanos exiliados o los maquis y sus aliados, una vez finalizada la Guerra Civil.
Existía asimismo temor por una posible operación relámpago de las tropas nazis de Adolf Hitler, que, en su afán de controlar todo el territorio continental, vigilaban los pasos fronterizos galos mediante la Gestapo a pesar de que oficialmente era el régimen colaboracionista de Vichy quien debía hacerlo. La amenaza aumentó tras el desencuentro del Fuhrer con el Generalísimo en la entrevista de Hendaya.
El régimen quiso imitar la Maginot francesa o las alemanas Hindenburg o Sigfrido. En ese intento nació la llamada Línea P o Línea Pirineos. Fue la gran paranoia de Franco. La militarización de la cordillera que separa a España de las Galias y constituye una frontera natural abarcaba aproximadamente unos quinientos kilómetros, desde el Cantábrico hasta el Mediterráneo, con un proyecto inicial faraónico que contaba con entre 8.000 y 10.000 asentamientos militares, aunque solamente se construyeron unos 4.000.
El plan original estaba ideado para que cada centro estuviera rodeado de trincheras comunicadas entre sí, con pozos, observatorios y alambradas. Alojarían un arsenal compuesto por ametralladoras, cañones antitanque, piezas de infantería y morteros. Los asentamientos estaban divididos en cinco modalidades: de observación o mando, de combate, de artillería, a cielo abierto o abrigos.
Muchas de las fortificaciones habían sido erigidas por las tropas republicanas en los frentes de combate de la contienda fratricida, siendo modificados por los nacionales en plena guerra, a medida que controlaban territorios, o una vez finalizada mediante la utilización de presos políticos. Los trabajos se realizaron en el más absoluto de los secretos militares.
El sigilo fue tal que en 1946 la ONU investigó si en los Pirineos se estaba construyendo una estructura de carácter ofensivo, lo que, finalmente, fue descartado por su técnicos tras inspeccionar parcialmente la zona. Franco consiguió que los inspectores sólo visitaran pueblos, donde los soldados fueron disfrazados con trajes de paisano y ocultados en los bosques. Además camuflaron algunos fortines colocando delante grandes letreros en los que se anunciaban hoteles.
No obstante, la efectividad a la hora de la calidad de las obras no fue tan escrupulosa y los búnkers adolecieron de numerosas deficiencias. Los expertos que las han analizado en la actualidad aseguran que las dimensiones de los nidos no eran las adecuadas para las nuevas armas, muchos estaban prácticamente al descubierto o en zonas estratégicamente malas y además algunas de las protecciones de hormigón difícilmente podrían resistir los obuses más potentes. Además, las estrategias bélicas habían cambiado tras el desembarco de Normandía y la demostración de la viabilidad de los lanzamientos masivos en paracaídas.
Se usaron cantidades ingentes de hierro y cemento, materiales que escaseaban en la postguerra. Gran parte de este material acabó en manos privadas, porque los militares idearon negocios paralelos y tampoco era de extrañar que se derivaran a construcciones particulares.
La obra nunca llegó a culminar ni entró en servicio, aunque el Ejército mantuvo activo el plan hasta 1985. Lo abandonó una vez que España ingresó en la Comunidad Económica Europea y formó parte también de la estructura militar de la OTAN. Desde entonces esta infraestructura militar defensiva ha derivado en un recurso patrimonial de primer orden y en una atracción turística más. Sin embargo, la falta de mantenimiento en realidad han convertido los búnkers en refugio de murciélagos, de cazadores o pastores, o, en el peor de los casos, centro de atención de los recuperadores de chatarra.





