El misterio siempre ha rodeado la ruta jacobea a Finisterre. Este camino histórico, ya descrito en crónicas del siglo XII, conducía a los peregrinos de la época a un promontorio considerado, hasta el descubrimiento de América, el finis terrae de la Península. La senda hasta Fisterra (su nombre actual, en gallego) cautivó a aquellos romeros medievales y, tras el Romanticismo, a quienes la recorrían atraídos por el paisaje y la exaltación de dramáticos naufragios que acabaron otorgando el nombre de Costa da Morte a este litoral. Los caminantes contemporáneos siguen fascinados por este itinerario, considerado el «epílogo» de la ruta jacobea, que puede concluir en Fisterra o en Muxía. Esta prolongación hasta el mar desde Santiago de Compostela (unos 110 km) invita a evocar las leyendas del traslado del apóstol a estas tierras, y a revivir tradiciones como el baño ritual en el océano y la contemplación del sol sumergiéndose en las aguas del Atlántico lo que para los peregrinos de antaño era un momento mágico al ver cómo el sol era engullido por las aguas para volver a aparecer a la siguiente madrugada por el lado opuesto. En Finisterre es tradición quemar la ropa que se ha empleado durante el peregrinaje para simbolizar que se abandona el hombre viejo y “renacer” como un hombre nuevo, cumpliendo de este modo con el gran designio de la vida, que es vencer a la muerte.
Los antiguos peregrinos realizaban tres ritos, la purificación, muerte y resurrección.
1º.- Bañarse:
Purificación del cuerpo. Se hace en la playa da Langosteira, dos kilómetros antes de entrar en el pueblo. El peregrino se quitaba así el polvo de toda su ruta y limpio comenzaba su cuenta atrás para alcanzar ese final del camino tan duro y a la vez importante para todo peregrino.
2º.- Quemar la ropa:
Por medio de este rito, el peregrino se deshace de todo lo material y con el fuego intenta quemar todo aquello de lo que se quiere deshacer y que no le beneficiará para comenzar una nueva vida.
3º.- Ver la puesta de sol:
Muerte y Resurrección , la muerte del sol en el mar y la resurrección al otro día, como la resurrección del peregrino en el día a día de su caminar.